Stephan Micus
The Garden of Mirrors

©1997 ECM Records GmbH
ref.: ECM 1632
51' 17"






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Sí... Si hay un artista que cada vez que saca un disco me pone los pelos de punta, sin lugar a dudas es Stephan Micus. Si hay alguien capaz de expresar mediante música lo que las palabras no pueden, ése es Stephan Micus. Si alguna vez la inspiración divina ha descendido y tocado a alguien con su gracia, el elegido es Stephan Micus.

No sé qué le habrán dado sus padres de pequeño, pero este hombre tiene un don, una forma de hacer música única y enormemente profunda. Sabe llegar al sitio adecuado de la forma precisa, como un experto artesano que domina los senderos del alma.

The Garden of Mirrors es la nueva entrega en forma de música con que los dioses nos regalan los sentidos en estos desolados páramos.

Si hay algo que Stephan Micus sabe hacer es música, en toda la grandeza del término. Sin euforias ni pretensiones, sin amplitudes ni ostentaciones. Cómo me gusta este muchacho.
No puedo por menos que admirar la sencillez con que envuelve cada uno de sus temas. Es música desnuda y en su más pura esencia. También se le puede llamar ARTE.

 

De forma casi minimalista, con los mínimos recursos imprescindibles, creando más ambiente que melodía, Micus vuelve a golpearnos con contundencia, a acariciar las cuerdas, a soplar los vientos, a multiplicar por 20 su voz para crear su mundo de sonidos. Pocos consiguen tanto con tan poco.

A veces me pregunto cómo intentar transmitir en unas líneas lo que alguien como Stephan Micus me da con su música. Es imposible. La personalidad de este artista trasciende cualquier tipo de prejuicio, está por encima de cualquier tipo de duda, no deja opción a la indiferencia.

Si hay un autor interesante en nuestro tiempo, su nombre es Stephan Micus. Si un disco en apariencia simple puede acarrear toneladas de sensaciones, es uno de Stephan Micus. Si algún día la música consigue estar por encima de absurdas discusiones será en parte gracias a hombres como Stephan Micus. Sin más historias, decididamente. Sí.

©1998 La Frontera Perdida