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![]() Los primeros tanteos discográficos que daría Javier Paxariño se remontan al año 88, con Espacio Interior (GASA), un disco que serviría para explorar un camino en aquella época incierto. Posteriormente se daría a conocer con otro disco de mayor repercusión, Pangea (Música Sin Fin), inspirándose en el macro-continente original de la Tierra (¿una fusión de "músicas terrestres"?) para sacar a relucir lo mejor de sí mismo en una tercera obra que autocalifica de oscura: Temurá (Nuba). Para "paliar" (en cierto sentido) esa oscuridad, ahora nos vuelve a sorprender con un disco cálido y lleno de luz, Perihelión (Nuba). En contra de lo que algunos pretenden hacernos creer, en España contamos con músicos que no se contentan con permanecer en la timidez de dejarse llevar por la corriente, sino que tienen el empeño de marcar ellos mismos esa corriente (al menos, intentan marcarse su propio camino) y consiguen realizar obras encomiables de un alto valor artístico, a menudo innovadoras. Javier Paxariño está recorriendo ese camino. |
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-Temurá ha sido una gran revelación dentro de las Nuevas Músicas en España, ha sido la gran confirmación de tu obra. -Me alegra que te guste. Quizás sea un disco más interior que Pangea, ya que es un buceo histórico y que estaba basado en las tres grandes culturas que hubo en España y me inspiré en todo un argumento literario e histórico para hacerlo. -Hablas de interioridades, como tu primer trabajo, Espacio Interior. Va todo ligado por ahí. -Espacio Interior es del año 88. Es un disco más de fusión, donde hay otro concepto de instrumentación, aunque vislumbraba un poco el lenguaje que iba a usar en Pangea. Le puse ese título porque era como sacar a grabar lo que yo tenía dentro, es decir, todo lo que me había inquietado hasta ese momento. -Seguimos con el "Viaje Interior". Lo tuyo es un viaje a través de las emociones. -Lo que pretendo es hacer una música que llegue a comunicar con la gente. Y la música, que no es un lenguaje unívoco, se presta a muchas lecturas. En principio, lo que expongo es mi manera de sentirla. -¿Qué ha sucedido desde que se publicó Temurá? ¿En qué has estado trabajando? -Después de haber hecho algunos conciertos, más bien escasos, porque el circuito de nuevas músicas de este país es bastante restringido y, discográficamente, la repercusión que tiene un producto no es equiparable al nivel de conciertos que genera, he estado colaborando en algunos proyectos y componiendo el nuevo trabajo que sale ahora, en septiembre. -Efectivamente, has estado colaborando en varios proyectos, y de gran nivel, como el de Tomás San Miguel con Txalaparta, Lezao, o el primer trabajo de José María de la Rosa, Thauma. Estás muy solicitado, ¿no? -Bueno, no, no... José Mari es un amigo que me pidió que tocara en su primer disco. Él tocaba teclados en La Banda del Lago y me propuso que fuera yo el que hiciera toda la parte de saxo soprano, de flautas, etcétera; y nada, nos metimos en el estudio, fue una aventura, nos lo pasamos muy bien y el disco está ahí. -Sí, pero no se queda ahí la lista. Apareces también en el Mirrors Of Pollution de Suso Saiz, un disco en donde además colabora más gente que también estaba en Temurá. -Sí. Con Suso me une una amistad desde hace años y hemos colaborado bastante; ya Espacio Interior lo producíamos los dos y nos hemos vuelto a reencontrar con Temurá. -Otro músico de lujo que demuestra su buen hacer en ambas producciones es también Glen Vélez. -Yo había conocido a Glan Vélez una vez que vino con Paul Winter. Me lo presentó Suso, que ya había tocado con él en Música Esporádica, un proyecto que habían hecho hace años. -Y para septiembre tienes previsto sacar un nuevo disco. -Sí, el siguiente, que se llama Perihelión y está dedicado a la música de las culturas solares.
-¿Los Aztecas...? -No, precisamente eso hubiera sido lo más obvio pero, para mí, el sol y el calor están mucho más unidos a los climas mediterráneos e incluso al Magreb y al África Subsahariana, así que he visionado todo el proyecto desde ahí; todas las composiciones, toda la historia musical del disco está basada en eso. -¿Tocas un poquito Egipto? -No exactamente. Insisto en que no es que yo toque: me inspiro. Trato de recrear, pero no de repetir. Mucha gente piensa que yo hago world music y lo que hago es releer o trabajar sobre ritmos y escalas o sonoridades de ese tipo pero, realmente, las composiciones tampoco son muy "world". Lo que sí uso son instrumentos autóctonos y los adapto a nuestro lenguaje. -¿Hasta qué punto es interesante etiquetar las cosas? -Creo que las etiquetas de alguna manera se inventan para encauzar y vender el producto que ahora mismo no saben dónde meterlo, y en nuevas músicas te encuentras cantidad de cosas que tienen procedencias muy diversas. Si eso sirve para que la gente se pueda acercar a determinadas músicas y para que en las tiendas de discos se puedan localizar determindos discos pues, bueno, está bien. Por otro lado, yo creo que al músico las etiquetas no le interesan demasiado. -En Pangea viajamos alrededor del mundo, en Temurá viajamos por las culturas judía, cristiana y musulmana, y ahora, en Perihelión, ¿viajamos por el Sistema Solar? -Perihelión es un término griego: es la elíptica que describe la Tierra en su órbita alrededor del Sol. Pero en realidad eso ha sido un motivo de acercamiento a las culturas solares. -¿Tú crees que tu música es música de la tierra? -De alguna manera sí. Quizás el material en el que estoy trabajando es muy de world music, pero no pienso que haga "músicas del mundo", aunque las melodías que compongo y los intrumentos que utilizo puedan tener ciertos referentes, la propia estética de los temas no la considero muy world music. -¿Cuentas con los mismos colaboradores que en Temurá? -Bueno, sí y no. He invitado a Faín Dueñas, de Radio Tarifa, para que tocara darbukas porque es un especialista y un buen amigo. Y Eliseo Parra también ha colaborado en un tema tocando un pandero de Zamora y cantando. Y el resto son músicos de mi grupo: Javier Colina al contrabajo, Eduardo Laguillo a los teclados y piano, Dimitri Psonis con las cuerdas, marimbas y percusiones, y Rogerio de Sousa, que ha tocado berimbau y percusión "afro". -¿Y en la producción? -Hemos producido Eduardo Laguillo y yo, formado equipo también con Gugu Martínez como técnico de sonido en grabación y mezclas, que ha hecho un buen trabajo y, como siempre, José Luis Crespo en la edición digital y masterización que, una vez más, ha hecho un trabajo fino. -Eduardo Laguillo es una piedra angular en tu música, ¿no? -Pues sí. Eduardo es como mi alter ego. Llevamos trabajando juntos desde el año 88 en que hice Espacio Interior. Es una persona que entiende muy bien lo que hago y que me ayuda bastante en todo el proceso de maquetación de los temas para llevarlos al estudio, etc. Y es un excelente músico. Él ahora va a preparar un disco personal y espero colaborar con él, pero ya en un proyecto suyo.
-Y no sólamente Eduardo Laguillo parece ser importante en el estilo de tu música, sino que también todo el equipo del que te sueles rodear en cada uno de tus discos. Es un equipo muy sólido. ¿Se identifican ellos con tu sonido? ¿Formáis ya un grupo consolidado? ¿Javier Paxariño es todo este grupo de gente? -De alguna manera sí. A Dimitri, que fue la última adición a ese nivel, lo veo muy integrado con la música que hago, porque él también maneja todos estos instrumentos mediterráneos y es un excelente músico que se adapta muy bien a mis composiciones. Y aunque somos un equipo fijo, me gustaría ir colaborando también con músicos que se vayan adecuando a cada nuevo proyecto. -Y mucho viento, porque tú te basas en el viento. -Sí... En este disco hay un tema que está hecho sólo con instrumentos de viento. -Hay una pieza en Temurá ("Cortesanos") en donde hay un fragmento en el que empiezas a superponer instrumentos de viento que a mí me fascina. ¿Vas a seguir en esta línea? -Sí. La música repetitiva a mí siempre me ha gustado. Yo creo que en este disco hay un cierto guiño (no quiero que se me entienda mal) hacia la música de trance. Desde Espacio Interior siempre he usado la música repetitiva porque me parece que tiene mucho que ver con las músicas rituales de diferentes partes del mundo. El hecho de repetir un motivo melódico rítmico es un ritual que se ha usado muchísimo en cualquier parte del mundo: en África, en los gamelanes asiáticos, polifonías mediterráneas, etc. -Y hablas de voces también. -Bueno, ha cantado Eliseo Parra en un tema que se llama Perihelión (Norte). En Perihelión hay cuatro temas cortos: Norte, Sur, Este y Oeste. -Pero esta vez canta. -Canta sin letra, como un instrumento más. -¿Y qué más nos puedes comentar de estas cuatro partes del disco? -Estos cuatro puntos cardinales son acotaciones de las influencias que conforman el disco. Perihelión (Norte) es el folklore castellano, que me atrae mucho porque quizás es el folklore más antiguo que hay en la península, donde se han conservado incluso las tradiciones del canto visigótico ya antes de que llegaran los árabes. -¿Qué representa el grabado de la portada del disco? -Estuve hablando con Carmen, la mujer de Dimitri, que es arqueóloga, y me dijo que estaba sin descifrar todavía y que era semejante a un lenguaje jeroglífico. Parece que algunas casillas se van repitiendo y eso se interpreta como una letanía o un canto. Este grabado es un disco de piedra que se encontró en la isla de Creta y que es muy venerado allí. -Lo bueno de esta música es que no tiene época. Seguirá viva dentro de diez años exactamente igual que hoy. -Yo pienso que sí, pero de todas maneras eso es algo que tendrá que decidir la gente y el tiempo. Creo que, cuando un disco tiene algo que decir, su mensaje puede ser válido por años que pasen. Así es como yo enfoco la música: componer algo que a mí me apetece y me conmueve y, de la misma forma que me conmueve a mí, habrá otras personas a las que pueda llegar y a las que pueda gustar. -Esa es la forma sincera de hacerlo porque, si te paras a pensar en qué es lo que se lleva ahora, ya dejas de mirar hacia tí mismo y miras hacia el exterior. -Claro. Entonces pierdes tus propios referentes. Yo creo en este sentido que lo mejor que puede hacer un músico o un creador, en primer lugar, es mirarse para ver de qué manera puede darle a los demás lo mejor de sí mismo. -De todos modos, siempre hay alguna influencia, más o menos consciente, que enriquece. -Naturalmente. La música está inventada. Una cosa es que, de alguna manera se puedan localizar referentes, y otra cosa es ir a reproducir descaradamente o a tomar un punto de referencia muy concreto e intentar imitarlo totalmente para conseguir la aprobación del público. -Eso siempre se acaba notando y yo creo que la gente acaba rechazándolo. |
-Yo creo que sí. -Y tú, ¿te reconoces alguna influencia? -Yo he tocado bastantes estilos musicales. De alguna manera todos me han dejado una huella cada uno en alguna forma de la expresión musical que manejo. -Tú te inclinabas más bien hacia el jazz hace algunos años. -Sí, yo he tocado jazz y ahora estoy investigando en otro tipo de lenguaje. Generalmente los músicos que tocamos el saxo e instrumentos de viento tenemos al jazz como un referente en el sentido de que es una disciplina muy buena para dominar el instrumento y la armonía y, en general, para dominar la improvisación. -Tu carrera en solitario arrancaría en el 88 con Espacio Interior, después vendría Pangea, más tarde Temurá y ahora Perihelión, un poco distanciado en el tiempo. ¿Te lo tomas con calma? -Entre Espacio Interior y Pangea sí que pasaron creo que cuatro años, pero mi ritmo es un disco cada dos años.
-Bueno, aparte de que colaboras con mucha gente y eso también lleva su tiempo. -Sí, pero aparte de eso, también hay que contar con toda la labor de componer, de conceptuar todo lo que va a ser el siguiente disco, elegir a toda la gente. Entonces, mi ritmo es ese. Y, por otra parte, no me parece que sea un ritmo escaso si lo comparas con otra gente de nuevas músicas. -¿Cuál es tu método de trabajo? ¿Tú te encierras 10 horas en el estudio hasta que consigues algo o la música va surgiendo a medida que vas jugueteando con ella, casi sin darte cuenta? -No hay un método fijo. Hay temas en que sí sucede eso: empiezas con una idea más o menos definida y comienzas a jugar y a medida de lo que te va sucediendo vas consiguiendo cosas en consecuencia; y hay otros temas que son más conceptuales, que se basan más en una idea que quiero modelar y todo lo que escribo se dirige a crear un ambiente determinado. Pero no sigo un método siempre igual. -Cuántas veces no habrá sucedido que, estando en sesión de grabación o simplemente ensayando, de repente a alguien se le ocurre una idea genial y la añadís a la composición. -Por supuesto. Si como compositor considero que el espíritu del tema sigue intacto y no pierde la dirección deseada, entonces me parece adecuada y la dejamos en la pieza. -¿Crees que entre Pangea, Temurá y Perihelión se puede establecer una relación, como si formasen una trilogía? Es decir, a pesar de que sean diferentes, ¿no se puede establecer un nexo de unión entre ellos que les dé una cohesión interna? -Si te soy sincero, yo creo que Perihelión cierra una trilogía y que el siguiente disco voy a enfocarlo de otra manera. Pienso que estos tres discos sí forman una unidad coonceptual, se pueden entender juntos. -Antes de grabar Espacio Interior hiciste un viaje a Londres. ¿Qué supuso para tí ese viaje? -Supuso encontrarme en los años 70 con las primeras flautas de bambú y me empecé a dar cuenta de la cantidad de música que se puede hacer con un instrumento tan sencillo. Nosotros quizá habíamos complicado mucho las técnicas de composición y habíamos sofisticado en exceso las técnicas instrumentales. Ese ir de vuelta hacia una relativa sencillez para mí ha sido muy saludable, el despojarme de todo ese conocimiento, de esa armonía a veces complicada. -¿Qué tal funciona tu música en el mercado extranjero? -Pues bien. Concretamente Temurá se ha estado vendiendo en toda Europa. Nosotros aquí lo colocamos en el mercado a principios de julio y en septiembre ya estaba en Alemania, porque estaba también co-producido por Sigfried Loch. -Y además de Europa, ¿llegas hasta Estados Unidos? -En Estados Unidos estamos pendientes de una buena oferta. -En Estados Unidos tienes ya un avance a través de Tomás San Miguel con Txalaparta; ese disco se ha publicado a través de Narada. -Sí, concretamente Tomás me contaba que estaba muy contento con la venta y distribución en Estados Unidos. -Está claro que el futuro es de mestizaje, no sólo ya en España, sino en el mundo entero. -Yo creo que sí y que es además inevitable tal y como vienen los tiempos. Cada día hay más ósmosis intercultural, cada día hay más gentes de otros países viviendo aquí; quieras que no, eso se nota y eso también va a abrir mucho la mentalidad y va a hacer que aprendamos a comprendernos mejor.
-¿Cómo te planteas los conciertos? ¿Se parecen mucho a tus discos o dejas que fluya más la imaginación? -El disco para mí es la materia prima sobre la que yo trabajo el concierto. El disco no tiene nada que ver con un concierto. -¿Vas a llevar Perihelión al directo? -Sí. De hecho ya hemos tocado cuatro temas de Perihelión en un concierto que dimos en un festival de jazz, y el día 28 [de noviembre de 1996] vamos al Teatro Cervantes de Málaga y llevamos también cinco temas de Perihelión. -Cuando estás componiendo un tema, ¿tienes clara la instrumentación que vas a emplear? Es decir, ¿cómo decides que aquí vas a utilizar una flauta alta y allí un clarinete bajo? -A veces he decidido componer una pieza determinada para una sonoridad concreta, pero en general voy seleccionando qué instrumento resulta mejor con esa melodía o con esa base rítmica a medida que la voy componiendo. Se cambia muchas veces de opinión en el transcurso de la composición, incluso de la grabación mismo. -¿Tú te sientes un pionero, un innovador dentro de tu campo? -Bueno, no. Yo trato de aportar mi granito de arena. -¿Puede decirse que ya ha madurado el sonido de Javier Paxariño? ¿Has conseguido ya tu estilo claramente identificable? -Yo creo que mi estilo está en la manera de hacer y de enfrentarme a la música. Es un estilo que a mí me gusta mucho. -¿Encuentras diferencias notables entre tus discos a medida que pasa el tiempo, ahora que empiezas a verlos un poco con la perspectiva de los años? -Yo lo suelo notar menos que la gente que me escucha, porque al estar yo mismo involucrado en el propio proceso de evolución, no me es posible ser tan objetivo. Pero sí, sí noto diferencias en la manera de hacer, en madurar más los conceptos. -¿Estás llegando ya a algún sitio o sigues caminando? -Yo no sé si camino para llegar a algún sitio. Camino para ir encontrándome cosas durante el viaje y realmente me parece que es lo más interesante. Es un proceso de sabiduría y enriquecimiento.
-¿Qué está sucediendo en España con estos tipos de música? Hay opiniones para todos los gustos, pero no acabo de veros muy contentos con el estado de las cosas. Parece que esto va más lento de lo que pudiera ir, porque público hay. -Sí, bastante. El problema es que no nos facilitan el llegar a ese público. Los medios de comunicación no se hacen eco de lo que está pasando y de lo que hacemos. -Indudablemente la culpa la tiene el medio de comunicación que no acaba de querer prescindir de los intereses comerciales. -Bueno, no siempre es así. Yo tengo que reconocer que Ramón Trecet con su programa Diálogos 3 radió Pangea y de alguna manera por lo menos eso permitió que la obra se conociera. -¿Qué desearías que encontraran tus oyentes en tu música? -Yo hago música para expresar cosas que no puedo expresar con palabras, con lo cual no te podría contestar con palabras a lo que quiero que encuentren. Simplemente que sientan buenas sensaciones. Es un proceso muy subjetivo y depende del estado de ánimo del que escucha. -¿Qué esperanzas tienes para este Perihelión? -Yo creo que puede conectar bien con la gente que ha oído mi música, aunque se separa bastante de lo que es Temurá, pero el gesto es más cálido y puede ser complementario para entender también que un autor no es un disco, sino que es toda una trayectoria. 1996, Javier Bedoya comenta esta entrevista |
