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Hablar de Luis Paniagua es hablar un poco de nosotros mismos. Este músico (gran músico, enorme) es sencillo, humilde y sensible. Siempre investigando, siempre buscando nuevas formas de expresión, trabajando consigo mismo.

Escuchando cualquiera de sus discos tenemos esa sensación de conocerle de toda la vida. Sus sonidos nos son familiares (recordemos el tema entrañable El Cuarto de los Niños, interpretado con reclamos de pájaros). O, simplemente, ese sempiterno sitar, Oriente-Occidente, con su enigmática locuacidad que nos hace estar de mágico acuerdo.

Y es que Luis ya se nos revela todo un artista en su último disco: "... sabiendo que todo quedará en cenizas es importante ser consciente de vivir cada momento, cada situación y cada cosa como únicas, que son más tarde cenizas."





-¿Cómo te planteas tus discos? ¿Lo haces todo tú mismo?

-Yo ahora mismo tengo siete u ocho discos, desde el año 81, y cada uno ha sido un poco diferente. Algunos han sido con un grupo que se llamaba Babia y a partir de eso ya lo llamé por mi propio nombre.
De repente organicé un septeto con el que grabé el disco De Mágico Acuerdo en el año 86 con miembros de la Orquesta Sinfónica de la RTVE y fue un disco precioso que ahora mismo está descatalogado y que anda por compañías para la posible reedición.

-Y el estilo de estos trabajos iniciales, ¿se acerca a lo que hoy conocemos?

-Bueno, algo tienen que ver, sobre todo por los instrumentos que toco y que sigo tocando desde mucho antes de empezar a grabar. Dependiendo de la instrumentación suena de diferentes formas, claro. Es diferente tocar con estos músicos, que eran violín, viola, cello, contrabajo, marimbas, vibráfono, percusiones... a hacerlo, por ejemplo, como en el Planeo (Sobre el Camino de Santiago), que realicé después (bueno, antes hice otro que se llama Neptuno en el que hubo alguna colaboración).

Planeo lo hice con un percusionista y con un clarinetista, pero después, digamos que los últimos tres discos (La Bolsa o la Vida, Muy Frágil y Árbol de Cenizas) los he hecho yo solo.

En La Bolsa o la Vida hay dos temas en donde hay un clarinete y algunas percusiones que tocan dos amigos, pero el resto lo he grabado yo todo. Es muy probable que el próximo disco sea con este trío y entonces sería casi casi como en directo, no sería grabarme yo setenta mil veces.

-Claro, porque en tus discos tú tocas prácticamente todo y eso da un trabajo impresionante. ¿Cuánto tiempo tardas en grabar alguno de tus temas?

-En estos discos he grabado todos los instrumentos yo, desde sintetizadores hasta percusiones, sitar, laúdes, dilrubas... Muchos instrumentos diferentes. Algunas cosas salen así, como corriendo, y otras son más trabajosas. Es un proceso desde que lo compones hasta que te pones a grabarlo. Vas trabajándolo. Para el próximo disco es muy probable que usemos música que he compuesto desde casi año y medio, desde que me cambié de casa.

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-Tu relación con NO-CD, ¿va para largo o se queda en este disco?

-Nunca se sabe, porque hay muchas compañías, hay diferentes posibilidades, diferentes ofertas. Por ejemplo, ir con NO-CD ha sido principalmente porque ellos distribuyen en el extranjero, cosa que con las otras compañías no había sucedido hasta ahora. Y eso es importante, claro.

-¿Cómo te planteas la puesta en escena en los conciertos? Por ejemplo, este último disco, Árbol de Cenizas, que está compuesto como coreografía para danza, ¿ha sido representado en escena?

-Efectivamente, era un ballet de danza contemporánea. Se estrenó en diferentes sitios: en Barcelona, en Vic, en Valencia, en Murcia... con unos bailarines en escena. Es decir, yo estuve, pero de oyente, de espectador, porque no estaba planteado para hacerlo en directo.
Los últimos conciertos que he hecho desde que grabé este disco han sido parte del mismo, es decir, no ha sido tocar toda la música de Árbol de Cenizas, sino que he extraído algunas composiciones para tocar junto con otros temas antiguos y otras composiciones más modernas porque, para hacer Árbol de Cenizas tal cual en vivo, o éramos muchos músicos o había que hacerlo con playbacks y con cosas pregrabadas, algo que de hecho en algunos conciertos hago, cuando toco solo. A veces toco con algunas cintas grabadas por mí mismo y en momentos suelto una donde sale una orquesta detrás grandísima.

-¿Y de dónde surgió esta afición por el sitar? ¿Has ido a la India?

-Sí, estuve en el año 80, hace 15 años, pero ya tocaba el sitar cinco años antes de ir a la India y muchos años antes estaba tocando otros instrumentos como guitarra y muchos instrumentos de percusión. También tocaba instrumentos de música antigua junto a un grupo que se llamaba Atrium Musicae. Con ellos hice muchas giras por casi todo el mundo, grabando muchos discos por todas partes. Llevo tocando instrumentos mucho tiempo, desde pequeñito.

En el año 69 (yo tenía unos 12 años) me llevaron mis padres a un concierto de sitar y de tabla que escuchamos en el Ateneo de Madrid y allí aluciné a pesar de ser tan jovencito. Era música completamente clásica tradicional de la India y a mí me interesó mucho.
Al cabo de cinco años pude conseguir el primer sitar. Precisamente por viajar con el grupo de música antigua Atrium Musicae encontré en Berlín el primer sitar en un escaparate, porque aquí en Madrid no había. Ahora sí se pueden encontrar algunos.

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-Y tocar el sitar, ¿es difícil?

-Es relativo. ¿Qué no es difícil y qué no es fácil en la vida? Todo, cada labor, tiene su trabajo. Yo le encontré mucha facilidad enseguida. Me ha pasado un poco con todos los instrumentos, por eso toco muchos. Tengo un acceso rápido a los instrumentos. Desde luego otra cosa es trabajarlos. Una cosa es que al ponértelo en las manos ya suene un poquito y otra cosa es que, si ya estás más tiempo con él, puedas perfeccionarte. De manera que eso depende del tiempo que inviertas en ello, para tocar un instrumento o para cualquier otra ocupación.

-En Árbol de Cenizas vemos algo que a mí me hizo gracia, porque me recordó mucho a Les Luthiers: lo del tubófono (sólo te faltó 'parafínicocromatico').

-Eso es, eso es. El mío es tubófono a secas. (Risas).
Sí, efectivamente es un tubo. Digamos que es como si fuera una manguera de un metro o metro y medio que haces girar sobre tu cabeza con el brazo y da un pitido, una nota. Lo afinas cortando o alargando el tubo. Incluso, si vas a más velocidad, haces armónicos, notas más agudas. Puedes incluso hacer melodías. Es muy sencillo de tocar, es cuestión de ponerse y experimentar.

 

-Porque es que tú has tocado de todo. Hasta creo que cacerolas.

-Pues sí. Bueno, más que cacerolas, sartenes. Tengo un bastidor de sartenes que me monté yo mismo con una estructura de aluminio. Son como gongs, como campanas, pero en sartén (de las sartenes esas antiguas en las que se pegan los huevos si no echas mucho aceite, es decir, las rústicas-rústicas), y suenan muy bien todas colgadas, aunque últimamente no las estoy sacando, las tengo en casa porque pesan muchos kilos y a veces he hecho conciertos llevándome, entre las sartenes y otras cosas, 250 kilos y eso era una barbaridad. Era muy difícil moverte, por eso últimamente las saco menos.
Ahora han surgido los tubos. He tocado las Páginas Amarillas, pero eso es... Nada. Es coger el libro y que suene, ¿no? Y, en fin, pues una teja, del tejado de la casa, para grabar precisamente también en Árbol de Cenizas. Y piedras...
Y todos estos instrumentos son objetos-instrumento que sirven para enriquecer la música.

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-¿Cómo relacionas los discos anteriores con este último? ¿Hay puntos en común? ¿Se aleja de los otros?

-Todos son diferentes y al mismo tiempo todos mantienen una idea, a pesar de que hay músicas diferentes. En el mismo Árbol de Cenizas hay algunas composiciones que son prácticamente con sintetizadores, sin ningún instrumento acústico, y que suenan un poco diferente. Se podría relacionar con los demás, sobre todo desde el punto de vista de la instrumentación (el sitar es uno de los instrumentos que más toco, no en todas las composiciones, pero sí en muchas).

-Sí, pero, más que a la instrumentación, yo me refería un poco a los conceptos compositivos, porque entre Muy Frágil y Árbol de Cenizas hay muchos puntos en común, incluso casi parece como si hubiera un trasfondo religioso en algunas de tus composiciones o en los títulos de ellas.

-Bueno, más que religioso yo me atrevería a decir espiritual. Una cosa son las religiones y otra cosa es el espíritu. El espíritu existe seas de una u otra religión, sin embargo puede haber una comunión directa con la Naturaleza, con los seres humanos (que somos parte de la Naturaleza) y con todo, con El Todo.
En Muy Frágil hay unos mantras que son instrumentales, aunque dentro del disco está el texto de los dos mantras. Uno de ellos dice "Bismil.lah Irrahman Irrahim", que quiere decir "cualquier cosa que hago, la comienzo en nombre de Dios". Y el otro mantra, que es un poquito más largo, dice "Hasbi Rabbi Cel.lah.lah / Mafi Kalbi Gairullah / Nurui Muhammed Sal.lah.lah / La Il.lahe Il.lah.lah". Y esto, traducido es: "Dios llena toda mi vida / Dentro de mi corazón sólo hay Dios / Saludada sea la luz de Mohammed / No hay Dios, sino Dios".
Estos son mantras de los sufíes y hablan de Mohammed y de Alá como nosotros hablamos de Dios y como otras personas pueden hablar de otras divinidades...

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Premio por Nanas del Sol, ©Juan H.

-El hecho de vivir solo en una masía te vendrá muy bien para componer con tranquilidad y sin agobios, porque tú tendrás tu propio estudio.

-Sí, efectivamente, los tres últimos discos los he grabado en casa. Tengo un estudio que está muy bien, pero para grabar cositas especiales. No puedes meter una orquesta en casa, ni grandes cosas. Precisamente por eso me veo con músicos, vienen a mi casa y estamos unos días trabajando.
Por mi parte, yo estoy conmigo siempre, como todos deberíamos estar. Porque no en todo momento podemos estar con nosotros mismos. Pero en esos momentos que sí encuentro, me pongo a hacer música, y precisamente el hecho de grabar solo me condiciona a tocar en conciertos con playback. Últimamente he estado componiendo cosas nuevas y no me apetecía hacerlas con playback, necesitaba más brazos para tocar más instrumentos pero, como sólo tengo dos, se me ocurrió... bueno, no es que se me ocurriera: surgió. Yo tarareaba melodías y al final se han quedado esas melodías con la voz y me dí cuenta de que tenemos un instrumento-voz, además de las dos manos.

-Has tenido un éxito clamoroso en algunos conciertos y me han dicho que no te lo esperabas.

-No, en absoluto. De vez en cuando tocas en algún sitio y se llena y la gente, además, se muestra absolutamente receptiva. ¿Sabes lo que sucede? Que cuando los conciertos los organizan personas que están interesadas en que tú vayas a tocar, lo mueven de tal forma, no sólamente en prensa y carteles, sino que tienen una red de gente que se conocen, que el caso es que mi nombre en una ciudad es completamente diferente que en otra; depende de quien lo organice.
Un concierto resulta un éxito cuando no se organiza para cumplir con la labor cultural de un Ayuntamiento o de un sitio donde simplemente lo incluyen en su programación y generalmente hay poco interés. Es decir, ellos ya han cumplido. Cumplen su programa como el programa electoral y cubren su programación cultural y ya está. Sin embargo, si la persona que lo organiza tiene verdadero interés, se va a mover de tal forma que eso va a estar lleno.
No se trata de trabajar y de fichar y de salir del trabajo y que te den un dinero, sino que tengas amor a tu trabajo. Entonces, cuando eso ocurre, generalmente la gente funciona bien. Yo creo que es la fuerza más poderosa que hay. Si programas una cosa de rock es muy probable que se llene, pero estas cosas ya se sabe... Lo que falta es que se enteren, es enterarnos de dónde hay que ir tanto yo como el público, y coincidir, para disfrutar de unas cosas que no tienen un mercado muy grande pero que va creciendo poquito a poco como de boca a boca.

-¿Cómo ves el panorama aquí en España? ¿Ves que esto va para adelante?

-Sí, por supuesto que sí. Esto no hay quien lo pare. (Risas). Es como una obligación y una cabezonería y al mismo tiempo es el aire que respiro. Si nos organizamos de alguna manera todas las personas que estamos haciendo esto desde campos diferentes (radios, periódicos, músicos, compositores), por supuesto que esto funcionará.
Las nuevas músicas y las músicas de nueva era que llaman otras personas han crecido muchísimo y también, de alguna manera, es una moda y un mercado.


1995, Javier Bedoya

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Entrevista publicada en el nº 5 de la revista margen.